La ironía… mal invento en educación. (II)

Hoy he vuelto a meter la pata. He vuelto a caer en la trampa. Hay dos técnicas que no funcionan en educación: la ironía y la recriminación pública con sorna. Pero hoy no ha sido con los del ciclo inicial… ha sido con uno de esos… adolescentes.

Y con los adolescentes no sólo no funcionan, sinó que producen el efecto contrario al deseado.

Que sabio aquello de corregir “en frío”, a solas, pensando lo mejor para el que es corregido, sin herir…

Después como siempre, me ha tocado pedir perdón. Pero en fin… no me dolería si no fuera eso educación.

(A continuación entrada publicada el 21 de mayo del 2009)

El Diccionario de la Real Académia Española de la Lengua define la ironia como:

(Del lat. ironīa, y este del gr. εἰρωνεία).

1. f. Burla fina y disimulada.

2. f. Tono burlón con que se dice.

3. f. Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.

La ironía, entendida con cualquiera de las acepciones, es un mal recurso en educación. ¡Cuidado con el tono irónico a la hora de decir las cosas! Con los mayores lleva a la humillación, con los pequeños a entender lo que no queremos decir, y por tanto a la injusta confusión.

¡Y si no que se lo expliquen a Calvin o a su profesora!

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